La temporada de compras navideñas de 2025 no fue “otra más”. Fue la primera en la que la inteligencia artificial dejó de ser un complemento experimental y se consolidó como una pieza central del proceso de compra, alterando desde la forma en que los consumidores investigan productos hasta cómo llegan a concretar una compra. Durante noviembre y diciembre, el tráfico hacia los sitios de comercio electrónico generado por fuentes de IA se disparó cerca de 700% comparado con el año anterior, según datos analizados por Adobe en más de un billón de visitas a tiendas online y una enorme diversidad de categorías de productos. Ese crecimiento no fue un número exagerado en un gráfico bonito para presentaciones: el tráfico referido por IA mostró un mayor engagement, con visitantes que permanecieron más tiempo y vieron más páginas, indicativo de clientes más interesados y menos impulsivos que los provenientes de otros canales. (business.adobe.com)
Más que cifras, lo que se ve en números como este es una transformación estructural del comportamiento de compra. En lugar de entrar en un sitio web y comenzar un recorrido clásico de búsqueda, comparación y elección, muchas personas ahora interactúan primero con un asistente de IA. Al pedir en lenguaje natural recomendaciones, comparaciones de precios o sugerencias de regalos, el consumidor llega a la tienda con una intención mucho más clara de lo que quiere comprar. Esa “intención cualificada” se traduce en conversiones más altas en muchos casos y en decisiones de compra más calculadas y menos impulsivas.
Esta revolución no se limita a unos pocos curiosos hiperconectados. Estudios regionales revelan que el uso de la IA para comprar ya no es exclusivo de generaciones jóvenes: incluso una parte significativa de personas de mayor edad (“boomers”) utilizan herramientas de IA en sus compras, y muchos consumidores llegan a jornadas clave sabiendo exactamente qué marca y producto quieren gracias a estos asistentes.
Un cambio tan radical no solo afecta a los números de tráfico y conversión, sino también redefine cómo las marcas y vendedores estructuran sus estrategias. Antes, las campañas navideñas giraban en torno a promociones masivas, campañas en redes sociales y esfuerzos de posicionamiento en motores de búsqueda tradicionales. En 2025, la tendencia dominante fue preparar contenidos y datos de producto para que los modelos de lenguaje y agentes de IA puedan entenderlos y utilizarlos para recomendaciones precisas, desde guías de regalos hasta respuestas automáticas contextualizadas.
No todo ha sido perfección tecnológica. Parte del reto actual de este ecosistema es la confianza del cliente. Cuando las recomendaciones automatizadas se sienten impersonales, sesgadas o imprecisas, el impacto puede ser contraproducente: una experiencia de IA mal diseñada reduce la confianza y puede alejar a clientes que antes compraban con más libertad. La eficiencia y rapidez que ofrece la IA deben acompañarse de transparencia y calidad en la información para sostener una relación a largo plazo con el comprador.
Además, esta transformación influye directamente en la forma como las personas perciben el valor de sus compras. El uso de IA no es solo para “descubrir productos”, también reduce estrés, acelera el proceso de comparaciones y facilita encontrar las mejores ofertas disponibles, algo especialmente valorado en contextos donde los presupuestos familiares están apretados.
La penetración de la IA en las compras de fin de año también se ha reflejado en el comportamiento del consumidor latinoamericano. Según estudios recientes, una mayoría de compradores en la región comenzó su búsqueda de ofertas desde octubre, muchos posponiendo compras durante el año específicamente para aprovechar descuentos navideños, mientras que una proporción considerable planea usar opciones de pago flexibles como “compra ahora, paga después”. Esa mentalidad más racional y planificada va de la mano con el uso de herramientas inteligentes que ayudan a comparar precios y productos antes de que se abran oficialmente las temporadas de descuento.
Para el público colombiano esto no es un fenómeno aislado del primer mundo. El comercio electrónico en Colombia ha venido creciendo de manera sostenida, y aunque todavía está detrás de mercados más maduros en volumen de transacciones, la adopción de tecnologías de IA está acelerando su integración en la experiencia de compra digital. La entrada de asistentes inteligentes, recomendaciones personalizadas y búsqueda conversacional significa que los consumidores colombianos están cada vez más preparados para un ecosistema donde la IA no solo sugiere productos sino que configura el camino completo de la decisión de compra.
Más allá de qué compras, la gran revolución de 2025 fue cómo lo hacemos. La inteligencia artificial se está insertando en cada instante de la experiencia del consumidor, transformando lo que era un proceso tradicional en una interacción fluida, contextualizada y, sobre todo, orientada a decisiones más informadas y eficaces. Para marcas y vendedores, esto implica repensar estrategias, invertir en calidad de datos y experiencia digital, y entender que el futuro del comercio ya no se basa únicamente en visibilidad tradicional en buscadores o anuncios, sino en ser relevantes en un entorno donde la IA es el nuevo punto de partida del viaje de compra.

